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martes, 29 de abril de 2014

Mi alter ego

Merodear en círculos distraídos,
coquetear disimulando la espera,
encuentro palabras
que se adecúan perfectamente
con mi paisaje mental,
que encajan
en esta realidad paralela.

Voy creando mi alter ego
en la sombra.

Su mundo cada vez invade
más el mío
y necesito visitarlo
sacándolo al papel,
allí me avisa de todo lo que soy
o de todo lo que me gustaría ser,
me observa desde una ventana
muy alta
y yo voy quedando abajo,
supeditada a sus deseos
y caprichos,
añorando que aparezca,
provocándolo a gritos,
siempre a su merced.

Huida

Nadar en wiskys ajenos
es emborracharse
de rebote,
como opción desesperada
para huir
de la sobria realidad.

Fuego eterno.

Me dejé indefensa hace tiempo,
cuando cayó mi única
e innata fortaleza.

La dejé caer
creyéndome así más fuerte,
la nada curte a la nada
y el frío atesora
recuerdos y rocas lunares,
yo río mientras hago barricadas
con todo lo que encuentro a mi paso,
con restos de naufragios ajenos,
con restos de lo que un día fui.

Me convierto sin darme cuenta
en un cúmulo de experiencias
e ideas inflamables,
si las hacen arder
me protegerá
un fuego eterno.

Cubrirse de blanco

Me piden a gritos
que me cubra de blanco
y manche con el rojo de mi sangre
el camino de vuelta a casa,
pero yo estoy tan perdida como ellos
y me desangro inútilmente
intentando satisfacer su deseo
de regreso ficticio.

Recrean sus casas, sus calles,
sus vidas.

Y yo me desangro
con la consciencia de estar
en mitad de la nada,
mientras ellos crean ciudades
yo me hundo en el asfalto.

Son

Me arrancan los labios
para mostrar mi sonrisa obligada,
son, las que vienen a salvarme
de la era glacial,
y traen fuego,
enfrascado en todo tipo
de esencias,
barras de bares,
problemáticas sociales,
problemas morales,
traumas,
desesperación,
cansancio,
derrota.

Vienen y me queman
haciendo caer
mi estructura
flácida
de aparente acero,
vienen y me dejan desnuda
y yo me muero por desnudarlas.

lunes, 28 de abril de 2014

Me gustan las cosas puras, lo más próximas posible a su esencia, o a su transformada esencia, pero manteniendo siempre ese punto de pureza distintivo. Odio el café con leche, el azúcar en el té, quemarte a medias, salvarte a medias. Creo que algunas transformaciones están hechas para condenarse de forma mediocre, lo que para ellos es salvarse. Puestos a desperdiciar el día lo duermo entero, y si voy a aprovecharlo no duermo, la madrugada me llama con imperiosa furia, como con urgencia de mí y yo sólo puedo hacerle caso. La mañana siguiente es tentadora y raya el borde de lo ordinario, tan loco que es casi mediocre. ¿Me rapo el pelo o lo dejo crecer? Preguntas irrelevantes ahora. El caso es que hace tiempo decidí mantenerme firme, “sabes lo que vales… ¿qué coño haces?” y eso hago, mantenerme firme, no como imposición moral de mi yo supremo, sino como obediencia a un sentimiento de mi yo real, de ese que escucha lo que pienso, porque creo que todos tenemos ese “yo real” ese “yo puro” pero lo tapan desde niño porque es demasiado sabio, tiene todas las respuestas a todas las preguntas y por eso lo corrompen, le ponen telas y telas con diferentes nombres, prejuicios, miedos, inseguridades, convenciones… etc y luego estás tú escuchando un eco difuso de fondo que aún te confunde más. Lo que deberíamos hacer es romper todas esas telas impuestas que secuestran la esencia del hombre, teoría fácil.
 Amo la pureza y la decadencia, extremos que se rozan constantemente, qué voy a hacerle... 
El mundo me sabe a poco y encuentro el presente como un dibujo mal hecho, como si alguien pretendiera reírse de mí. Me apetece pintarme los labios de rojo y salir afuera, pero sé que el contraste de la nada contra la nada sería un flash blanco demasiado doloroso para mí, el menos y el menos hoy se convierte en un paraje estéril donde no puede florecer nada. Así que me anclo al suelo con clavos que más tarde arrancaré de mi piel dolorosamente y dejaré una estela de fluidos confusos tras de mí, por si alguien quiere seguirme. Ya no pienso que  puedan venir y salvarme, así que la soledad no me resulta para nada desagradable, de hecho, el contacto con la gente cada día me enfurece más, es como… si quisieran llenar su vacío invadiendo tu casa, tu mente, quieren extraer tu jugo de la forma equivocada y encima te culpan a ti de no sacar lo que esperan, son como mosquitos succionando un gato de escayola.

Ajena al mundo

Un frío glacial
me lanza
a este presente,
como un animal sacado
de su hábitat
o un niño recién nacido.

Me encuentro
en un paraje desconocido
y no sé cómo he llegado aquí,
mis pasos se difuminan
y todo está envuelto
en una nube de irrealidad
que se perpetuará
en el tiempo,
haciendo del presente
un perpetuo
escenario ajeno.

Algunos dicen,
los sabios,
los iluminados,
que la felicidad
reside únicamente
en vivir el presente,
y es cierto,
pero cómo no sentirte
ajena al mundo
cuando
tus pisadas
se deshielan a tu paso.

Rebeldía

Cuando el placer
se convierte
en obligación
la única defensa
es llorar con rebeldía. 

Ser poeta

Es complicado escribir
sin pensar en nadie,
realmente yo antes pensaba
que no se podía,
pero sí se puede,
y creo que en esto consiste
realmente ser poeta.

Es fácil cortarte
el corazón a trozos
y ponerlos, sangrantes,
sobre un papel,
pero qué complicado
es intentar cortar
la vida
y plasmar
cada sensación
o pensamiento
de la forma más
abstractamente comprensible.

Rasgar el presente

Se necesitan muchas experiencias
para no repetir todo el rato
el mismo discurso
saturado,
eso, o una capacidad
asombrosa para
ver más allá de lo obvio,
incluso de lo exprimido.

Eso es muy complicado,
así que, aquí estamos,
de camino a la muerte,
paso a paso,
intentando rasgar
el momento presente.

martes, 22 de abril de 2014

Qué triste

Qué triste esa sensación
que te produce
comprobar
que el pasado se borra
a pasos agigantados,
y es que ahora,
intentando recordarte
me he dado cuenta
de que todos esos meses
se pueden resumir
en un par de minutos,
en esencias difusas
de actos cotidianos,
es decir,
que de todo lo que fuimos
ahora sólo somos
un resumen
de una sentencia
de olvido.
Hoy es uno de esos días que deseas que acabe pero que no quieres abandonar aún porque sientes que te está retando y que irte a dormir sería rendirte. Así que espero sentada, mirada inexpresiva y puños preparados para contraerse en cualquier momento, porque la madrugada ataca duramente y no puedo recibir los golpes sin oponer al menos un poco de resistencia, la justa para hacer el ridículo y creerme más fuerte. 

lunes, 21 de abril de 2014

Trasplantar el corazón

Busco la tierra húmeda,
necesito que me abrace
y me acoja
entre todos los seres
desarraigados
del asfalto.

Beber el agua pura
de los ríos jóvenes
que fluyen rápido
cargados de inexperiencia
y fría salvación.

Alimentarme
de los frutos
que huyen
de los pesticidas.

Por otra parte,
quizás
prefiera la cálida acogida
del helado reniego
del hombre por su esencia
y me funda en el asfalto
camuflado de superación.

Beber en bares
de ambiente viciado
brebajes
que arrasan
con el fuego del odio
toda esperanza
de regreso.

Alimentarme
de cuerpos
que sólo desnudan
la piel, y que hacen
que el hambre sea
cada vez más insaciable,
hasta verme sumida
en una búsqueda
continua
que deje como únicas secuelas
arañazos en la espalda
y desgarros en el alma.

Buscar, en resumen,
trasplantar
mi corazón
en algún lugar. 

Cortarse las raíces

Soplar
tan fuerte
para derribar
mis propios muros.

Como esos tres cerdos
intentando alimentarse
soy yo, luchando
contra mi ser
que me mata de hambre
y mi priva de mi tercer ojo.

Soplar tan fuerte
que retumbe
la derrota
del Imperio Romano
en mi sangre,
y la capital
del odio
se tiña del rojo
de mi furia.

Necesitar,
en otras palabras,
cortarse
las raíces
que te anclan
a morales impuestas.

Imagino

Imagino que huyo,
en todas sus vertientes,
incluso de los recuerdos
de la gente,
tal vez
de la imaginación
de las personas
que aún no me conocen.

Imagino que marcho corriendo
hacia campos verdes
o cuidades grises,
empañadas
por el vaho del llanto colectivo.

Creo la perfección
de la liberación del hombre,
en sus ruinas
o en su templo.

domingo, 20 de abril de 2014

Atacan el caos

Reina el caos
en el mundo de los genios,
serán siempre repudiados
por la mediocridad vigente
que habita en un punto medio,
sin helarse con lo que callan,
sin arder con lo que dicen.

Habitan para consumirse
en las cenizas del tiempo.

Atacan toda muestra
de nocturnidad pensante
o de ensoñación diurna.

Atacan, en definitiva,
todo lo que les recuerde
que se consumen
inexorablemente
ante la entrada
al cielo o al infierno
que nunca pisarán.

Mientras habitan
en un limbo,
mucho más triste
para aquellos que saben
que tienen entrada
a esas dos
estancias comunicadas.

Mi verdad ajena

Lanzando cohetes
cargados
con todo lo que dejo
inconscientemente
en todas partes.

Brotan  palabras
sin dueño ni control,
sin un pensamiento previo,
como si alguien hablara
a través de mí,
incluso llegando a comunicarme
lo que nunca me diría
lanzándolo contra un papel,
y ahí plasmado veo el destino
en frases confusas
de conceptos abstractos
que no es necesario interpretar,
pues al que habla a través de mí
lo comprendo muy bien.

El barro

Agarrada a mi inevitable manía
de convencerme de las cosas
para atraerlas o no atraerlas,
de provocar y provocarme,
arrastrando sensaciones
por el barro
hasta dejar huella.

Inconsciente
hasta mi primer trago
se fosiliza en el barro
la palma de mi mano
lanzada con furia
e indiferencia,
para luego marcharme,
como siempre,
porque hoy es un buen día
para mirar atrás
y darme cuenta de que
siempre he preferido
correr detrás de lo inalcanzable
antes que aceptar
que he dejado mi mano
grabada a fuego
en barros ajenos,
y eso es porque
quizás
no sea capaz de aceptar
que alguien pueda quererme
más de lo que lo hago yo.

Las armas están descargadas

Te espero
con la ventana abierta,
sin persianas,
sin cortinas,
abierta,
como el corazón partido en dos
dispuesto a ser reparado
o destrozado para siempre.

De noche,
porque los contactos más puros
son a la luz de la luna, pues
sólo ella permite la conexión directa
de las almas sin tabúes
ni estúpidos formalismos diurnos.

Tumbada en la cama,
resignada a
tu inevitable llegada.

Despiértame sólo si es para quedarte,
o al menos,
para intentar quedarte.

Rendida, con miles de armas
bajo la almohada,
te espero,
debes de ser mi redención
o el paso último
para convertirme en un autómata.

Las armas están descargadas,
no tengo ganas de defenderme.

jueves, 17 de abril de 2014

El sentido del peligro

Avanzas cuidadosamente,
piensas que si no te acercas demasiado
no te podrán hacer daño.

Así que avanzas manteniendo una distancia
de seguridad,
lo justo para que se puedan juntar unas manos,
rozar unos cuerpos,
oír unas voces,
incluso captar un mensaje, fugaz.

Entonces te crees salvado.

Hasta que distingues entre la ropa
de la gente armas blancas camufladas.

A la mierda la sensación de salvación,
sigues peligrando, enormemente.

Temes a las armas tantísimo,
te parece ver en cada persona
una navaja
y sientes la puñalada
antes incluso de que se efectúe.

Luego recuerdas que existen las armas
de fuego y cunde el pánico.

Significa que las distancias ya no importan
y que toda persona tiene el poder de matarte.

Resignado a tu inevitable muerte
derribas barreras
y pegas tus miedos
a otros cuerpos.

El peligro se convierte
en la muerte al final de la vida,
en algo que al fin y al cabo
le da sentido a esta.

Abrazo a la incomprensión

Sentir el peso de toda la humanidad
en la espalda
y querer huir de ahí,
renegar incluso del género humano.
La incomprensión es constante
y todo lo que crees respecto a ellos,
un espejismo.

Es triste, es triste pensar así, lo sé,
pero ¿qué puedo hacer si he llegado
a esa conclusión?

Seguiré avanzando
mientras rozo únicamente
de refilón otros cuerpos.

Me pregunto si ellos piensan lo mismo,
si pueden llegar a sentirse
acorralados
en la propia incomprensión.

Llegados a este punto supongo
que sólo quedan dos opciones,
caminar rozando cuerpos
y compartiendo noches,
no demasiadas.

O rezar, a quien sea,
para que alguien me salve,
para que me agarre tan fuerte
que sea imposible
que no profundice en mí.

Para juntar a la humanidad entera
en nuestro abrazo.

Muros

Entender que estamos en mundos diferentes,
no son barreras estáticas
las que separan al mundo,
ni siquiera tangibles,
pero se sienten.

Y lo más triste de eso
es conocer alguien
y querer entrar en su mundo,
pensar que puedes hacerlo,
y más tarde darte cuenta
de que te das contra un muro.

Esos ladrillos separan
de ti lo que ansías,
y quizás algún día puedas llegar,
puedas entrar ahí,
no para compartirlo,
sino porque es tu próxima estación.

Creo que la vida se divide
en un montón de habitaciones
dentro de unas salas laberínticas.

Los más idealistas pueden decir
que tales muros no existen,
o que aunque existan
pueden derribarse.

No sé, quizás tengan razón.

Subversivos ataques

Subversivos ataques
contra el yo que flaquea,
que dice, bueno…
tampoco es tan malo.

Subversivos ataques
cuando me entra el sueño.
Subversivos ataques
cuando enciendo la tele.

Subversivos ataques
cuando respeto lo que no respeta.

La insurrección armada
está a las puertas de mi templo,
ojalá el zar no resista.

No hay ejército suficientemente
grande
para matar al espejo.

Mi lugar de residencia

Dicen que no se me entiende, 
que lo expreso todo de un modo abstracto,
y es que no hay otra manera de expresar
lo que una sintaxis perfecta
no alcanza.

Abrazo un universo mucho más amplio
y lucho por no tener que luchar
por permanecer en él,
porque sé que es mi lugar real de residencia,
pero me arrancaron de mi tierra
mucho antes de nacer.

Me colocaron férreas etiquetas
que me anclaban
a ese mundo claramente
mucho más limitado.

Pero ahora he escapado
y lucho
por no tener que luchar
mientras me pregunto
si la lucha
cesará alguna vez.

miércoles, 16 de abril de 2014

Resignación

Reconocer el fracaso
en un asentimiento rápido,
casi mecánico,
que te inunda de una sensación
de apatía
es la muestra más triste
de una resignación
a la propia resignación.

Muros de contención

Cuando la tristeza
desborda los muros de contención
sólo tienes dos opciones,
arrancarte pedazos de carne
para construir otros nuevos
o dejar que arrastre            
la carne que formaba
los otros
hasta adherirse
de nuevo a tu piel.

No, no, no

Juzgan a través de situaciones
que tú no has vivido
y de las que por supuesto,
no eres culpable.

Mediante una razón
que alza universal
pero que tú no compartes.

Mediante una moral
que ni siquiera respetas.

Te encierran en su círculo
de palabras inquisidoras.

Mejor cortar todas las cuerdas
antes de que te ahoguen.

Arma de lucha


La verdad como
 como defensa
ante la ignorancia.

La mentira como
medio de ataque
contra la justicia.

El deseo de despertar
no duerme,
porque la noche
es para los intrépidos
y toda palabra
es un arma de lucha.

Libres

Libres,
como esas gotas de agua
que hoy llovieron
sobre nuestras cabezas,
depurando el aire viciado
y limpiando conciencias.

Buscamos inyectarnos
en vena conceptos abstractos,
corremos detrás de banderas
 y estandartes,
defendemos, en definitiva,
nuestro derecho a la absurda búsqueda,
y es que las gotas de agua
no pueden imprimirse.

martes, 15 de abril de 2014

No hay color

Colores grises
avanzan como autómatas
envolviendo a la ciudad
en un ambiente neutral
y hostil.

El agua que nos tiran
desde arriba con macetas
está descoloriendo al individuo,
a mí, a ti, a él,
y el nosotros se alza
como una masa
sedienta de no beber nada,
necesitada de una inyección
de aún más irrealidad.

Resignación a la muerte

Levántate
y camina por otros
o para tu propio sufrimiento.

Sacrifícate en vano
y llora siempre a escondidas.

Pelea contra enemigos ficticios
y llena tu vacío con más vacío.

Luego pregúntate
por qué la gente anda loca por la calle,
por qué lloran a escondidas
y por qué toman pastillas rosas.

El mundo no es un lugar para acatar,
la vida es un lugar por convertir.

Más cerca y más lejos de la muerte.

Mirar al pasado es dejarte arrastrar por un aire cargado de sensaciones punzantes, te confunde y te invaden clavándose en tu piel, hasta el fondo, como en los viejos tiempos y yo me siento tan confusa, pienso que todo es demasiado efímero, la eternidad hoy te saluda dentro de ti, en forma de dardo alterizante, recibes todos los latidos del corazón juntos, cuando corrías, cuando reías… sobre todo cuando llorabas y de repente te sientes perdido, situado en el limbo, en un momento que será recordado por otras manos fuera de tus manos, y así, recubriéndonos de capas nos hacemos más sólidos, más duros, más cerca y más lejos de la muerte.

Somos y seremos

Siempre fuimos dioses,
aunque nunca lo supimos,
vestidos de blanco y negro,
saltando senderos
para llegar al camino de golpe
o perdiéndonos por senderos
para olvidar el camino marcado.

Siempre blancos y negros.

Ahora veo el recorrido
y todas esas sendas
que exploramos con temeridad
pero sin miedo,
tienen sentido,
pisamos tierra firme
en un ilusorio presente
y volvemos a llegar al centro del camino
con las manos limpias
y volvemos  a perdernos en los senderos
con las manos limpias.

Somos y seremos dioses y aquí estamos,
invocando el ámbito divino,
buscando entre zarzas y risas,
estos somos y no hay más,
estamos totalmente perdidos,
tanto como para encontrarnos.

sábado, 12 de abril de 2014

Se libera el hombre

Sobre las ruinas
del cemento hecho polvo,
habitan dos cuerpos inertes,
dos amaneceres inacabados.

Esnifan la derrota del cementerio
y lo solidifican con el agua salada
de sus noches melancólicas.

El desencanto es ley
en esta tierra
y se alza implantando
pasos pesados y nubes negras.

Los más rebeldes follan,
pretenden derrotar la ignominia imperante
con gemidos ahogados en vodka
y crear su propio paraíso verde,
entre ramas de olivo
y hazañas de héroes mártires.

Esta es la presa que contiene el miedo,
repudia con asco sus aguas estancadas.

Cuando fluye el río se libera el hombre.

Los gritos se sucederán

Es como una repetición constante,
un ciclo maldito de esponjas y agua,
absorbo recuerdos
hasta que me invaden el último hueco,
cuando eso ocurre
siento que han invadido mi intimidad
y los expulso
por medio de gritos sonoros
y súplicas ahogadas.

Entonces me siento a esperar
y no siento nada,
así que me pongo a beber esencias
en barras de bares
que se transforman en infinitos escenarios,
y ya estamos todos otra vez,
joder, otra vez invadiendo mi intimidad.

No hay nada más íntimo
que reconoceros en todos los golpes,
porque la noche es vuestra,
aunque no lo sepáis.

Los gritos se sucederán noche tras noche
precedidos de suplicantes amaneceres ahogados.

Dioses ateos

Me dicen que se ha ido…
y yo sé que es cierto,
también me dicen que no quiere volver,
yo ya supe siempre que no volvería,
es como una tristeza asumida,
demasiado obvia como para rendirse
y aquí estoy, otra vez,
al pie del cañón,
rezando a dioses ateos
para que no vuelva,
porque si lo hace me verá esperando
y nada es más triste que vivir esperando.

Arena mental

Hace frío todo el rato,
en todas partes se oye mi nombre
y no me identifico con él
porque no hablan de mí.

¿Quién puede hablar de mí?
Son todo juicios equivocados,
dios, necesitan juzgarme
y yo siento cómo me entierran poco a poco
hasta tener arena por el cuello,
la presión me hace respirar apresuradamente,
se cierne un peso enorme sobre mi pecho.

Entonces cierro los ojos
y escucho más ecos,
todos tan lejanos
que no me rozan,
pero los siento en las costillas
y deseo huir de ahí.

Se intensifica el murmullo
y me tapo los oídos
con las manos temblorosas
hasta encontrar una tregua.

Entonces abro los ojos
y no veo nada,
no hay arena cubriéndome
y no veo a nadie.

Me sacudo por inercia
y vuelvo a casa
escalando dunas.

No sé

Hay demasiada confusión,
mi cabeza es un caótico remolino
de gritos y pensamientos confusos.

No aspiro a clarificarlos,
sería demasiado complicado,
así que me siento aquí,
forzada por la necesidad
de liberarme de la presión
que ejerce ese caos,
que baja hasta mis manos,
y cerrando los ojos para concentrarme
intento plasmar que estoy totalmente angustiada
y que no sé cómo solucionarlo.

Hay demasiadas cosas y juntas no sé si lo son todo
o si no son nada.

No sé si tengo mil respuestas o mil preguntas.


Otra vez en mitad de la plaza

Actúo de manera automática,
obligación tras obligación
hace pasar el tiempo.


Estoy obligada a comer,
obligada a escuchar.


Como  y escucho
y no sé cómo interpretar lo que como
ni cómo digerir lo que escucho.


Juzgan, todos juzgan
y yo estoy en medio de la plaza,
con la cabeza tapada
esperando a mi verdugo.


El eco retumba
y no sé de qué es el reflejo,
mil noches se ciernen en torno a mi cuello
y me veo obligada a inspirar opiniones ajenas,
creen totalmente en la veracidad de sus juicios
y yo estoy, otra vez, en medio de la plaza.


El eco rodea mi garganta
y no sé qué es lo que me ahoga.

Jodidamente cobardes

Así que esto va a así,
esta es mi condena elegida,
atarme a un boli y a un papel
para liberarme de los pesares diarios,
no sé si es algo valiente o cobarde,
realmente no lo sé.

Quizás como buenos extremos
seamos jodidamente valientes,
verte en un papel no es fácil,
quizás distorsionemos realidades.

También somos jodidamente cobardes,
pero no hay tregua
y tampoco hay opción.

Ruedan palabras por mi cabeza
y dan tantas vueltas
que siempre caen en el lugar equivocado.

Yo estoy aquí
y tú…
tú también.

Pegada al papel,
adherida a una irrealidad constante,
porque no puede ser de otra forma
cuando más real eres
es cuando no existes,
porque luego entra en juego
todo el rollo de interpretar,
es triste darse cuenta de que
la comprensión no existe
y vagar de un espejismo a otro
es una mediocridad camuflada.

Viéndote correr

Un día me prometí algo,
no suelen gustarme las promesas
porque me siento atada
y mi desobediencia innata
me obliga a romperlas,
aunque esto lo estoy cumpliendo,
ni una lágrima más,
no soportaba mirarme en el espejo
y verte correr por mis mejillas,
así que hoy estoy aquí,
como muchas otras veces,
viéndote correr por el papel.

Seguiría pinchándome

Tengo la costumbre
de cambiar acciones cotidianas
y adaptarlas a mi manera de actuar.


Cojo bolis y simulo que son cigarros,
cojo cigarros y simulo
que son todas nuestras noches.


Es la única manera de liberarme,
metafóricamente, claro está.


He pensado que podría
bautizar a dos cactus
con vuestros nombres
y después de pincharme
lanzarlos a la hoguera,
pero me conozco
y sé que acabaría cuidándolos,
regándolos con cuidado
para no ahogarlos
y que yo seguiría
pinchándome asiduamente.

Miles de manos

Miles de manos
ajenas, extrañas
me acarician
y yo intento ponerles cara
y nombre.

Como si fuera a salvarme del impacto,
pienso en todas esas noches
en las que me salvé
y me pregunto
por qué elegí condenarme,
en el fondo
no podría vivir
sin el caos voluntario,
sin la decadencia elegida.

Si estamos condenados
a vagar por el desencanto
mejor provocarlo uno mismo
y así creer que se controla la situación,
es más elegante
la destrucción voluntaria
porque en ella está la salvación.

El eco en el paraíso

Tengo los labios cortados
y tiemblo,
un nudo en la garganta
amenaza con desatar
un cúmulo de hechos desconocidos.

Pensamientos peligrosos
asaltan mi mente, todo el rato.

Como si alguien tratara de asfixiarme ,
se ciernen unas manos en torno a mi cuello,
soy yo misma, ahogándome con todo
lo que evito.

Salvándome con todo lo que no provoco.

Echo agua al cemento
y kilos y kilos de acero
se amurallan alrededor de mí,
me convierto en el todo
dentro de la nada
y el eco de mis súplicas
resuenan una y otra vez
en el paraíso.

La perla

Hay una perla dorada en mi caos,
brilla desde la oscuridad profunda,
es redonda y perfecta,
amenaza con hundirme
y me guía,
como el centro de todo,
le molesta ser desobedecida
y es recelosa conmigo,
todo el tiempo,
pero en el fondo sabe
que la atesoro ahí,
sin sacarla demasiado,
permitiendo que me salve o me mate
desde dentro.

Entre hilos negros
y nubes tóxicas,
yo la atesoro
y cuando amenaza el pasado
ella brilla
y yo la cubro con humo.

Entre gota y gota

Inhalar tu humo,
quemarme en tu fuego,
lamer tus salidas de emergencia,
adentrarme en el peligro,
arrancar el miedo
y morderte la voz
por fuera del cuello,
romper los cristales
y aullar en la noche,
instalarme en tus labios agresivamente,
arañar tu espalda
y si te marchas, volarlo todo,
y marcharme con el polvo de las ruinas
que nunca echamos,
y echarte de mi mente por partes,
primero tu ropa y luego tú.

Tener merodeando tu esencia creada
más pura,
invención de un idealismo con insomnio
que dormita largos periodos
matando a la soñadora.

Arañarte la voz hasta que sangre
y se deslice por la noche brillante,
entre gota y gota repetir tu nombre,
hasta que sólo queden ecos.

Tengo miedo

Tengo miedo a dormir,
a hundirme y dejarme a merced de mi subconsciente,
donde habitas tú, como una inocente asesina,
como si no supieras que ibas a matarme.

 Tus manos recorrían mi futuro cadáver
que ahora renace como un inquieto autómata.

Te corres café en mi boca
e invoco pesadillas de sueños pasados,
la transformación empieza en mis manos
que te buscan
y termina en mis ojos
con la forma de mirar el mundo.

No hay calma, nunca hay calma,
y a veces necesito dormir acompañada,
busco mentalmente,
fantaseo con varias posibilidades interesantes.

Cuando sólo busco amor
y termino el día adentrándome
en la madrugada libro en mano
y banda sonora de mis latidos que os reclaman.

Me da miedo la noche porque me mata
y renazco al amanecer
con la muerte impresa en las manos,
rogando no matar todo lo que toco.

Con la primera luz muere mi nostalgia
y te invoco por última vez,
deseando agazaparme entre tus piernas,
inspiro frío y me activa,
repito mentalmente el mensaje
y vuelve a mi cabeza la reflexión de hace unas noches:

“Los libros me han salvado la vida”

La excusa perfecta

El café es la excusa perfecta,
camufla una posibilidad.

No es la ansiedad que me produce un nombre,
es la cafeína.

No corre por mis venas el olor
de una persona que escala
clavando piolets
de mis rodillas hasta mi corazón.

Es esta sustancia estimulante
sin recuerdos.

Ya está,
es la excusa perfecta
para ponerme histérica
por ti
y poder negárselo al mundo.

Desde el vacío

Siempre buscando mi muerte
o mi salvación,
que supongo que al fin y al cabo
es lo mismo.

Quién podría salvarse
sin matar algo de sí
o morir sin salvar
la pura causa de la huida.

Es por eso que siempre ando
saltando de un extremo a otro,
buscando la muerte
o la resurrección
en un punto blanco,
sitiado por vacío y aire,
en el limbo más inescrutable habito
intentando extraer

de lo superficial la profundidad
absoluta.

Dos

Respirar asfalto mata
o crea un sentimiento rebelde,
sólo hay dos tipos de personas,
las que tienen alquitrán en la sangre
y las que arden,
te será fácil reconocerlas,
las primeras encajan con el paisaje,
adoptan color grisáceo
y movimientos rígidos,
poco a poco van convirtiéndose
en mobiliario urbano.

  Las segundas
destacan vivazmente
entre los sólidos cimientos de la nada
y provocan incendios.

Sólo al final

La vida, un litro de cualquier cosa
que te metes monótonamente
sin tregua                                                  
y que sólo al final reconoces su sabor,
entonces es demasiado tarde
para aceptar que quizás
no sepa tan mal.

Exhausto y armado

No hay tiempo para admitir que es tarde,
borrando las pisadas            
volveremos a otros brazos
de otra gente que nunca serán los mismos
y así es como se avanza,
de espejismo en espejismo
caminando sin descanso hasta que llueve
y entonces,
exhausto y armado,
observas tu alma en un charco sobre el asfalto
y tus oscuras ojeras conducen
al túnel de todas las respuestas.

Romper el hielo

El mundo debe expandirse,
un amor
dos pasos.

Debe ser así,
porque todo acaba congelándose
en vuestras manos
y el hielo deseado jamás se funde,
tengo el sabor de la derrota en la boca
y eso me hace recordar lo triste
que es sentirse patética entra las piernas
de alguien.

El otro extremo

Creyendo que todo es típico,
mediocre, vulgar,
huimos de una pureza extrema
sin saber qué es la vida,
preguntándonos a cada paso,
intentando cazarla
en forma de esencias vacías
o quizás demasiado llenas,
porque la mayoría de las cosas
son tan profundas
que agujerean el extremo
del lado contrario,
su superficie,
y sólo quién mire hacia el fondo
comprenderá
que ese desgarro superficial
es en realidad una herida profunda
que atraviesa el centro del alma,
y es que esto es la vida,
entre resaca y resaca,
poemas y mierda,
sin comprender que 

a cada paso desgarramos abismos.

Fluye inadvertido

Fluye el torrente
tan áspero y duro por dentro,
tan rápido y fuerte por dentro,
tan oscuro y brillante por dentro,
en él se concentran todos los colores,
absorbe el arcoíris en su negrura.

Tapona todas las salidas
y sigue fluyendo inadvertido
por los que observan el desierto exterior.

Seguid mirando, y nunca os preguntéis
de dónde sale el agua
que riega los bosques que me cubren.

Sobre tus ruinas


Desangrada me arrastro
y arrastro al mundo conmigo
que se desliza fluido y brillante,
entre noches eternas,
y es que no hay más triste condena,
en el fondo, que no estar condenado,
¿quién renace del desastre?

Todos renacemos desnudos,
llorosos y otra vez inocentes,
cuando golpea tan fuerte
que la única forma de vivir
es matarte
y formarte otra vez,
desde cero, sobre tus propias ruinas.

Triste certeza

A pesar de todo esto,
aquí estamos
y no vamos a irnos,
porque sería demasiado triste
reconocernos culpables
de renunciar a lo único
que nos mantenía en pie,
porque de qué sirve el miedo
si nuestro mayor temor
es nuestra única certeza.

No hay salida

Son divertidos los primeros contactos
con lo prohibido,
su oscuridad me atrajo
y su intento de instinto suicida
me mantuvo a las puertas
de su reino del mal.

Su imán me arrebató
la razón y mi objetividad
quedó atrapada entre sus tinieblas.

Me adentré cada vez
más profundamente en su inestabilidad
y me encontré sitiada
por seres sedientos de sangre,
y ahora, casi dos años más tarde,
me doy un consejo
que en aquel entonces me hubiera sido útil:

“cuídate de las personas,
pues aunque todas tengan agujero
de entrada, no todas lo tienen de salida”

Cambiar de bando

Ansío el día
en que se haga tangible
todo esto,
tenga una piel
que pueda tocar
y me haga preguntas rarísimas,
le permitiría incluso
que me desquiciase,
aunque siempre con cariño,
y es que creo que
mientras espero esto
me estoy cambiando de bando
y empiezo a adoptar forma
de insomnios ajenos.

Adicciones

Tu dolor fue mi mayor vicio
durante un tiempo,
un verano,
lo justo para matarme,
y necesité un invierno eterno
para liberarme del contagio
y es que el dolor propio
también puede ser muy adictivo.

Sobre tu base

Pronto va a hacer dos años
y yo sigo acumulando cicatrices
sobre tu base,
tan perfectamente herida
que da pena intentar curarla,
así que la cubro con excesos
de todo tipo
y con amaneceres en los que
no me acordé de ti.

El eco de mi perdición

Me siento a pensar
que se estabiliza el mundo
y amurallo entre cajones sangrientos
mi fortuna y la suerte de otros cuantos,
sólo pienso en explosiones
que liberen mi caos interior,
que lo expanda
o lo desarrolle en el aire.

Preparo kilos de pólvora
mientras me pregunto
qué ocurrirá si la muralla
es demasiado fuerte
y tengo que escuchar durante siglos
el eco de mi propia perdición.

Salvación y condena

Rodearme de espejos
que no reflejen la ira vigente,
correr sin mirar atrás
en una carrera a contrarreloj,
adentrarme en una espiral
de aislamiento.

Salvación y condena.

Fin de la visita

Un muro se superpone a otro,
abro la puerta
y observas flores y mariposas
con arcoíris en el cielo.

Es cómodo para todos los visitantes,
fin de la visita, para algunos.

Abro la puerta
y observas un río fluir rápido
habitado por pequeñas pirañas
y libélulas de muchos colores.

Es inquietantemente acogedor,
fin de la visita, para algunos.

Abro la puerta
y observas un laberinto de nebulosas
y estrellas explotando mientras
se crean por todas partes.

Es confuso y aturde,
fin de la visita, para todos.

Abro la puerta
y observo
un agujero negro
junto al Sol.

Es provocador,
fin de la visita.

Así y sólo así

Sólo puede olvidar
el que lleva recordando
el suficiente tiempo para
matarse,
y así, desquiciado
y roto,
con ecos retumbando
entre las paredes
de una imagen fija
se puede acumular
suficiente presión
para volarlo todo.

Así y sólo así.

Punto medio

Están en el punto medio
y ríen,
juegan,
lloran,
rompen cosas,
saltan,
explotan,
conspiran,
SIENTEN.

Están en el punto medio
y FINGEN.

No se abren puertas pintadas

Bloques de hormigón
se decoran.

Flotan en un espacio negro,
se pintan por fuera,
los labios, los ojos,
la vida.

Bloques de hormigón
fluyen y se estancan,
dibujan puertas
y regalan llaves
a otros bloques.

Pintan lágrimas
y sonrisas.

Onomatopeyas
retumban en el negro vacío.
“¡JA JA JA!”

Las llaves no abren puertas pintadas.

Mi única aliada

Me muerdo las garras,
me arrancan de las manos
armas blancas,
me lanzan proyectiles
encaminados a volarme la cabeza,
me arrastran hacia la escombrera
de los que se rindieron.

No me resisto
ni retraso el traslado.

Me sigo mordiendo las garras
y esquivo objetos lanzados a mi mente.

Recojo proyectiles
y me atrinchero en las ruinas
de los caídos.

Mi ejército son sólo mis ecos,
pero ellos no pueden verlo,
reenvío proyectiles a mis atacantes,
no asaltarán la trinchera,
la soledad armada es mi única aliada,
pero ellos nunca lo sabrán.

Salvación o condena

Adaptar la creación al espacio,
limitarte por el tiempo,
concepto abstracto y colindante,
sentir correr el acero por tus venas
como la salvación líquida
que amenaza con ser una condena sólida.

Manecillas inquisidoras

Golpear con puño cerrado al tiempo,
implorando que cese el tic-tac
de las agujas del reloj,
no sé por qué siempre he odiado los relojes,
es como si alguien te empujara
a un abismo,
y la verdad, tengo gusto
por la autodestrucción,
prefiero que no sean
unas manecillas inquisidoras
las que me condenen
a fundirme con la imagen
de la oscuridad
en caída libre. 

Mortal y perpetua

Montones de siluetas vacías
aplastan a la nada contra la nada
provocando un murmullo sordo,
miradas inexpresivas
se arrastran por el fango
de un río estancado,
sedimentos razonables
aceptan los ojos ajenos
y allí, entre miradas inquisidoras
se emiten juicios de valor,
la putrefacción lo invade todo
y nada tiene importancia para mí,
ponerme precio no es la forma
más eficaz para destruirme,
los seres alados no se anclan
en el fango.

Para las siluetas no existe ni la noche
ni el día,
la neutralidad es mortal y perpetua.


Desalmado

Me pareció un buen gesto
ignorar mi voz de alarma
y desarmarme ante ti.

Caminaste siempre en horizontal,
recorriendo mi muralla
de arriba abajo
pero sin penetrar en ella,
lamiste cada uno de mis
cubitos de hielo
sin llegar a derretirlos.

Desnudé ante ti
un abrigo de piel.

Podrías haberme matado,
pero todo lo que te di
era demasiado
desalmado para eso.

El caos dentro del caos

Un pequeño rincón
dentro de un hueco
en una habitación
del extraño mundo
que forma parte
de una gran estrella
en medio del maldito caos.

Únicamente a mí

La única persona que logró
desquiciarme realmente
fue una tía con bastante instinto suicida,
lo exhibía alegremente
ante mi inocencia quebrada,
orgullosa de proclamar
la camuflada intención
de matarme
únicamente a mí.

Incertidumbre

Mi obsesión
por acumular
cielos de colores cálidos
creo que se debe
a mi pasión por
los finales y los principios,
por los extremos en general,
y es que son tan parecidos
los atardeceres y los amaneceres
que por un momento
no sé si muero o renazco
y justo ahí me siento libre.

Emocionalmente

Creo que soy masoca,
emocionalmente, digo,
lo comprendo siempre
al borde de los precipicios
y es que aunque todos
nos lanzamos al abismo
yo soy más de que me empujen
que de que me esperen abajo
con los brazos abiertos.

viernes, 11 de abril de 2014

El antídoto.

Buscar el antídoto
del veneno
en la propia serpiente
es irónicamente sabio,
como odiar a quien amas
para contrarrestar
el efecto.