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jueves, 5 de febrero de 2015

Escalofrío después de un puñetazo

Los cuerpos acostados al borde
de la noche
se confunden con aullidos de lobos
donde los sentidos
se concentran
y se camuflan dentro de
una imperceptible caja ciega y sorda.
Tantas cosas verdes y nada con lo que mirar las cosas.
Si el silencio es castigo yo soy equiparable a la muerte, esa que se asoma distraída detrás del miedo y te señala que la noche tiene fin y epíteto, pero que mientras los ojos rebosen estelas flanqueadas por hermosos centinelas grises la tristeza y el desencanto estarán custodiadas por esas bonitas cosas verdes, porque nadie lo dijo antes, pero la belleza que no se ve también existe, y si pudiéramos opinar de lo desconocido diríamos que es brillante y perfecta, como el llanto ahogado por las propias lágrimas que rebosan en un pantano de cuerpos ausentes.

La táctica tácita

La voz tiene un espacio de cristal
donde brindar por los que callan,
para que no desprecien
al silencio y se vaya
a un lugar donde no puedan llamarlo.
Llama y no vocaliza bajo la lluvia, grita histérica, atormentada, claustrofóbica. Ha tenido oportunidades, no ha tenido opción, ha debido aprovecharlas. ¿Es acaso eso la libertad? Sonríe porque está llena de virtudes y situaciones favorables, pudo pagarse unos ganchos que le desgarran elegantemente las mejillas y anclan su vida triunfante a los dos extremos del marco de la puerta. Está preparada para recibir a las visitas. No invitó a ningún pariente a inaugurar su castillo porque, por ser de otro continente, no entenderían la decoración supuestamente indígena, es el estilo posmoderno, tiene el comedor lleno de lanzas y pinturas realizadas por máximos expertos, cobran en sesos de coste millonario sus obras, en ausencia de la demandante vomitan la comida de supermercado barato que cenaron ayer y titulan su obra de manera presuntuosa, son los vestigios ancestrales de las tradiciones aún vigentes de gente que no quieren visitar. Después, se llenan los bolsillos de piedras preciosas y las canjean por caviar y otros manjares. No podrán trabajar hasta su próxima digestión. Ella se despierta y admira todo lo que tenga un nombre y una fecha, todo lo que aparezca en catálogos y libros de texto, la creación inmediata no posee valor y es siempre infravalorada, necesita de números y reconocimientos de grandes autoridades competentes en cualquier campo, es por eso que jugadores de fútbol pueden opinar sobre dentífricos y los dentistas realizan empastes caninos. Aquí no hay rey ni amo ni dios que se alce como único, sino una maraña de vagas ideas que cubren el cielo como una espesa niebla impermeable que proclama la verdad y la validez del mundo.

Años de progreso

Coincidencia es un término
recurrente
y no reinventado,
como todos los términos
que coinciden en que son recurrentes.

La vida es un espacio aéreo casi reconocido
por algún tipo de academia
pero hasta que no firmen las actas
no podemos quemarlas
y seguir recurriendo
a términos presuntamente accidentales.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Lo que no sirve para nada y salva

Dicen de la absolución
que es justicia o traición,
que tras las telas del engaño
siempre se encuentra un nombre
y una finalidad
pero hoy ya no se exigen rehenes
para mantener las cosas a raya,
las situaciones son un desmoronado encuentro
entre las texturas y sabores
y cuando caen las razones de peso
se derriten las consecuencias.

Dicen que no importa el texto
ni el autor ni el idioma
que si llega
es como una estaca directa al corazón
desde abajo
que el cerebro no interfiere para nada
que la gramática es cárcel
y la interpretación una trampa.

Sanniasi suicida

No hay hogar sin cadenas.

Ayer desfilaba sigilosa por entre las zarzas
de un lugar deshabitado,
yo pensé que desde mi libertad
de exiliada podría vivir sin amarras,
pero estaba anclada al paisaje
y me alimentaba de sus frutos
convirtiéndome en un ser espinoso
y áspero.

Yo repudié el contacto,
más que apenas un temporal encuentro
pasajero y esporádico,
yo sentía todos los colores
en dimensiones
demasiado alejadas como para
nutrirme de ellos.

Una noche desperté rodeada
de armas, inútiles, por supuesto,
pues no había
atacante ni nada que defender
en mi tierra,
y al separarme horrorizada
no supe desprenderme de ellas,
pues me cubrían los ojos y la boca.

Empecé a dejar de alimentarme,
fue una guerra declarada
contra mí, que es lo que me envuelve
y contra lo que me envuelve,
que soy yo.