viernes, 13 de julio de 2018

Sémola de polvo y trigo


La cabeza que rota
La medusa que flota estancada
La simiente que aún llora hacia abajo
Los morados dolores del tiempo del golpe
Las cloacas de bocas manchadas por dentro
Las vertientes que rompen en frente del ojo
Los sonidos dorados del sol que se apaga
Son palabras que vida
Que ruido callado
Que soplo de aire caliente en la nuca.


Entornando los ojos como relámpagos rápidos
De un centelleante brillo
Que sólo se manifiesta en el recuerdo
Entre los sonidos callados de los cuerpos
Que sólo hablan
Para contar los sueños como alusiones verdaderas
Si desaparecen los escoltas
De la sangre prometida
Y metáforas tapadas con palabras falseadas
Si los relojes de arena se mojan con el agua del mar
Que dejan
Nacerá el tiempo en un bloque
De permanencia inevitable
Así los actos dejarán de ser temidos por sus consecuencias
Y surgirán los ritos, los rituales sin rastro
Un viscoso placer por el hacer de la belleza
De los sonidos que nacen con el movimiento de las manos.


He visto colores que parecían sábanas muy usadas
Y manicomios del tiempo contenido en cólera
Aplastados establos donde la paja se acumula
Bajo la soberbia sangre de industriales sacramentos.

domingo, 8 de julio de 2018


Con un gesto voluntario, ojalá saludar la vida
Reconocerla amablemente
Entre tenues colores
Cuando la marea baja, parece siempre algo cíclico
Dejar que moje la arena que el sol seca tantas horas
Que los peces avancen un trozo más grande de mar
Que se sequen las algas, aburridas de permanecer aferradas
Y que las gaviotas busquen entre la muerte algo que llevarse a la boca.
No eres un saqueador, eres un carroñero.
No tienes poder para vivir matando, te nutres en realidad
de lo que yace muerto
pero así no te honra, es tu imposibilidad
no tu voluntad
la que se encarga de esa limpieza terrestre.
No des por buenas acciones lo que supone el límite
de tu perversión.
No te honres demasiado si tus sofocos dan
para volcar una mesa
y dejar la sal segura a un lado.






Un círculo de sangre
una vibración
silbido de luz
azucena estancada.
Que no nos hemos dado ni la piel
ni el pellejo, ni un vestigio
sólo miradas hacia dentro,
hondas como puñales clavados
de los que no se sabe la longitud.
Hacia dentro todo es oscuridad e inexacto
los relojes se frenan
pues la hora de la carne, de la sangre
no se materializa con ese avance
es irremediable la voz que el eco muestre
fuera de la garganta
Ay, pero el viento formaliza los mandatos
y hace salir los poemas como por urgencia
cuando aquí, sin más, se maceran sensaciones.