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sábado, 19 de julio de 2014

Volvemos siempre a lo mismo, como animales asustados que se alzan poderosos, ¿has visto alguna vez llorar a un lobo descalzo? Nos hacen caer porque nos dejamos arrastrar. Mi perro ha vuelto a casa, seis años y aún lo siento como un cachorro. Mi hermana lleva seis día fuera de casa y me he acostumbrado a su ausencia, no sé hasta qué punto podría aceptar los cambios sin inmutarme, por muy trágicos que fueran, a veces me asusto a mí misma. Ayer recorrí una ciudad pero mis pies parecen puros cuando acaba el día, aun con asperezas. No paro de imaginarme con una cicatriz gigante en algún lugar y no sé si es algún tipo de premonición, pero no me asusta, le daría algo de encanto a mi cuerpo, a mi rostro. Parece que algo está bajando a las profundidades de mi ser cuando pienso en esto o quizás es mi propio ser el que desciende a las profundidades de algo aún más grande, ¿más grande que yo?, mi miedo, el miedo mundial, la desidia universal. Si se comparten sentimientos deben de tener un lugar de procedencia. Una habitación vacía sitiada por puertas, las mismas salidas son las mismas condenas pero es obvio que permanecer en el limbo no es la solución definitiva, aunque temporalmente podemos fingir no ser mortales y acomodarnos un poquito en la nada. Ellas cuando tienen hambre levantan la cabeza, yo cuando tengo hambre la agacho.

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